Llegaba la hora en punto y parecía que los chubascos cambiaban de esencia, una esencia más pesada y molesta.
-Oh ingenuo animal, crees que por mas que ladres y ladres esto va a parar?- Claro que no! debes de entenderlo, pues si, por tu culpa los dioses se han enfadado y todo irá de mal en peor, puedes sentirte un perro marginado ahora, puesto que es tu absurda realidad.
Pero sigamos el camino… -bien, que genial- pasaba ella todos los días por el mismo lugar a la misma hora y tenia que enterrar sus tacos en ese sucio y mojado bache –mejor me descalzo, al menos mis pies se regeneran, mis zapatos no- si estuviéramos en mi época, hubiera encontrado un amable caballero que se quitara el abrigo para tapar el bache y así yo poder pasar muy sutilmente, sutil caminar, sutil sonrisa, sin estropear mis zapatos, eso hubiera sido perfecto – que mas da-.
Sigo mi camino procurando no tener ningún altercado más, mejor ni lo pienso, creo que a mi mente le gusta llamar estas situaciones complicadas.
Paso a paso mojado, la gente me ve, un atuendo y maquillaje increíble y la muchacha: descalza, -los jóvenes de ahora- pensaran ellas… en fin procuro llegar a mi destino, puesto que ahí conseguiré lo que deseo - ¡cáspita!, he llegado- me dirijo a abrir la puerta y quedo boquiabierta – que demonios… - Si una maldita puerta que conduce a otro camino, ahora me hago la dura, luego me siento frente a la puerta y si nadie me ve, me largo a llorar como una recién nacida, y así lo hice.
Saco de mi cartera un espejo, y no lo puedo creer, rimel: corrido, delineador: corrido, sombra: corrida, pintalabios: aun en su lugar.
-Bien puesto que aun hay esperanzas…- decidí levantarme entrar por esa absurda puerta y lo que pase luego será otra historia.

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