Es grabe el momento, en el que el viento roba tus palabras antes de ser pronunciadas, esa sensación de vació que produce, un suspiro que se escapa como residuo de una palabra que existió y murió, un simple cadáver, tener que hablar y no poder hacerlo.
Palabras sin ser tomadas en cuenta, palabras rechazadas, excluidas y marginadas todas ellas guardadas en fila una detrás de la otra se van alojando y van formando una estaca, la misma estaca que se te clavara en el corazón en el momento menos oportuno, cuando te encuentres débil, muy débil, allí ellas te apuñalaran sin piedad.
Las palabras pueden llegar a ser el arma de destrucción masiva más grande e ingeniosa que ha existido en todo el universo.
Tenemos que hablar! pero este no es un cliché de ruptura, al menos no es lo que esta alma desea de esta conversación… más bien se podría decir que hay que poner los cráneos huecos sobre los putrefactos cuerpos zombis, los puntos sobres las ies, la manteca sobre la tostada, el botón a la camisa, las hojas a la impresora… en fin poner las cosas en orden como más les guste.
Si mi neurótica mente no me hace desvariar, diría yo, que los seres “humanos” hablando (a veces gritando, depende el caso) se entienden, así que porque no hacerse de este don tan bellamente destructivo para poder solucionar cosas.
El silencio mata lo que las palabras desgarran, un vil acecino que no avisa y cuando ya haya pasado estarás lejos, muy lejos y sin oportunidad alguna de volver a la vida, caminaras entre los muertos!

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