Estaba en la azotea del hotel cuando la alarma de tsunami sonó, todos corrían y se alejaban de la ciudad, todo era caos.
El dueño del hotel me asegura que quedándonos allí, sobreviviremos, y allí nos quedaríamos, según la alarma el tsunami llegaría en 52 hs, así que teníamos tiempo para intentar asegurar nuestras pertenencias y perder lo menos posible.
La escena siguiente estamos en una avenida, muy lejos del hotel corremos hacia la supuesta casa donde hay que asegurar nuestras cosas, el cielo se quedo negro y la tormenta eléctrica no tardo en aparecer.
Llegamos a la casa pero ahí se encontraba una persona algo como el acecino de la cuchara pero mas japonés, no se le entendía una joraca pero no quería que arregláramos nuestras cosas, en un segundo de distracción algunos nos escabullimos hacia el fondo de la casa para llegar a nuestras pertenencias, entre dos personas asegurábamos en una habitación nuestras cosas para a la llegada de la gran oleada no fueran arrastradas.
Cargué con un ventilador marrón, la torre de una computadora, una “mascota” que estaba algo asustada y poco a poco sacamos todo.
Después de varias horas de ese ajetreo, al salir vimos que no nos daba el tiempo para llegar al hotel, así que nos encerramos en esa habitación y esperamos, de a poco, producto del cansancio nos comenzamos a dormir.
Más tarde abrimos los ojos y de pronto todos estábamos debajo del agua, nadie respiraba pero todos reíamos, curioso aquella persona que llego arrastrándose pero luego felizmente nos empezó a sacar fotografías, pero todos sonreíamos, acaso estaríamos muertos bajo el agua? Sin preocupación salimos a la otra habitación, todo era igual, pero lo peculiar era que nunca había visto a la gente tan feliz

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